RITUALES DE INFANCIA-(TRILOGÍA  REGIONAL)

Del amor de ayer
El ritual de los Bacabes
Las huiras de la Sierra Papakal
 
EL SUR TAMBIÉN EXISTE - Karla Marrufo
 

Hay un caos en las cosas que vemos cada día: en los mercados y los autobuses del servicio público, en las noticias amarillistas de los medios, en la crisis económica, en la memoria de lo que antes fue, en la rigurosa desfachatez de los políticos, en el ingenuo brillo de los “artistas” de televisión, en el calor inquebrantable de la península. Hay un caos, pero también un sentido, una expresión popular y muchos motivos para reír.
Este caos cotidiano y la expresión de un humor genuinamente regional son los que justamente disponen el escenario de Las huiras de la Sierra Papacal, obra de teatro de Conchi León, estrenada el 7 de noviembre en el Olimpo, y que, desafortunadamente, sólo fue agendada para un par de representaciones.
A partir de la supuesta muerte de Chepita (Salomé Sansores) es que asistimos al diálogo abierto entre mestizas, a la evocación de los remedios caseros y tradiciones de nuestros antepasados, así como al planteamiento de un estado de cosas actual donde la mestiza se erige como un vaivén entre el sustrato maya que la identifica y la vertiginosidad del presente.
Con el personaje de Soco Coyoc (antes visto en Mestiza power e interpretado por Conchi León) advertimos el carácter fuerte de la mestiza que asume su condición, actúa y se impone, aunque esa condición también implique situaciones de violencia intrafamiliar e incomprensión hacia una de sus hijas, una “mestiza emo” (Darinka Vélez) para quien el mundo es un lugar oscuro pronto a la destrucción. La contraparte llega con el personaje de la Yucaturca (Andrea Herrera), mestiza hija de turco cuyo carisma, gracia y ocurrencias vendrán a matizar las situaciones en torno al falso lecho de muerte de Chepita. Entre recuerdos de infancia, anécdotas y críticas de corte político, social y del medio artístico, las tres mestizas resolverán incorporarse a las exigencias de supervivencia de los tiempos actuales formando una banda de música norteña con tintes regionales. Retomando las formas del teatro regional yucateco, en Las huiras de la Sierra Papacal se incorporan números musicales que complementan tanto el sentido de la obra como los elementos de comicidad planteados desde el argumento. Con música original de Pedro Carlos Herrera y arreglos de Gabriela García, las voces de las mestizas se unen para decir, a ritmo de “pasito duranguense”, lo que de cualquier forma seguimos siendo: “somos tamal, somos huacal, somos Chichén, somos Uxmal, somos alux, somos tolok, somos haciendo, leyenda y pitahaya…”. Y también para recordar, a la par con Mario Benedetti y en medio del cálido caos de todos los días, que “hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven, y así entre todos logran lo que era un imposible, que todo el mundo sepa que el Sur también existe”.

 
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